Obras Propias
Esa bella dama llamada Ultima Noche. (06/Oct/2005)
Todos los que fueron alguna vez al campamento, les gustase o no, volviesen o no, fueran más o menos nostálgicos, nunca olvidarán aquella sensación…
Nos haremos viejos (que remedio), creceremos incluso, y quizá se nos olvide aquel rutinario día de la naturaleza, o la cara de aquel chaval que compartió tienda contigo, pero ella perdudará, su fuego nos seguirá deslumbrando, y nos dará calor en las noches frías…
Todo comienza con un armonioso crepitar de fuego y madera, retumbando cada chasquido e el fondo de tu cuerpo. Recibes no el calor del fuego, sino el calor de los amigos, el calor humano. Tu voz entrecortada cantará las canciones que tanto has disfrutado, pero sonarán distintas, sonarán como una dulce despedida, pero un amargo adios.
Y llega un momento en que el todo se hace nada, y desde el centro de la gran hoguera comienzan a surgir mil recuerdos, mil aventuras, un sólo sentimiento, tan indescriptible que hoy, 10, 20 o 30 años después, seas incapaz de quitarlo de tu cabeza…
Tu mirada se pierde en la danza de las llamas, enredadas en un mar de madera tosca… Entras en un trance largo, en el que se descubre por pirmera vez el sonido del silencio, el de la noche pura y libre…
Y cuando los últimos rescoldos sollozando, se intentan aferrar a la vida en un intento heroico, tu alma, se intenta a la vez aferrar al campamento. Entonces giras la mirada, y te reduces ante la imponente luna; descubres sombras en la oscuridad; sientes como tu cuerpo se lanza al vacío, uniendose a la naturaleza, uniendose a la convivencia, uniendose a la libertad. Y aunque todo sea en balde, y la última llama haya muerto, la huella resistirá al paso del tiempo…
Gracias Campamento, porque tu ya no formas una parte de mi vida, yo formo una parte de tí…



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