Ya estoy de vuelta. De vuelta de todo, pero sobretodo de vuelta de algo más que un montón de lugares.
El viaje que comencé hace ya más de una semana, es de esos que te dejan satisfechos. No ha sido un viaje que se te hace largo, del que tras unos primeros días de euforia te pega el bajón y cuentas los segundos para regresar a casita, con tu cama, la comida de la mama, la baza… Tampoco ha sido un viaje de los que se te hace corto, en el que sufres la despedida, y te desilusiona no haber podido aprovechar al máximo el tiempo y dinero invertidos. A caballo entre estas dos sensaciones, me siento satisfecho, realizado.
Un viaje se puede programar en muchos sentidos diferentes, más si cabe si vas a un lugar con unas expectativas creadas. Yo viajaba por curiosidad, con la inocencia del que no ha volado en avión, no ha cogido el metro, o ya no se acuerda de montar en bici. Más que un viaje, era una iniciación a una forma de vida. La vida de vivir con la maleta a cuestas, de defenderte con el idioma, de ser todo nuevo y tener que sobrevivir. También la vida del dormir cada noche en un sitio, de administrar los céntimos (los pocos que te quedan), de moverte con un mapa, callejero, o con la simple intuición.
Ha sido más que un viaje, ha sido una experiencia. Aun es pronto para valorar lo que me ha aportado, pero he notado la importancia que tiene desenvolverte en otras sociedades a pie de calle, para crecer como persona. Ahora ya no cuento con el punto de vista de la ventana de mi cuarto. También contarán todas las imágenes que he recogido en mi mente de este viaje, el primero de muchos.
Por último, en esta breve reseña, quiero hablar de Europa. En los países donde he viajado me he sentido plenamente europeo. Es una sensación extraña, pero agradable. Estamos a las puertas de algo grande, de mezclarnos con unas sociedades ejemplares. Estamos hablando de ideas de integración, hermandad, colaboración. Seremos muy diversos, pero eso es lo que da riqueza a las grandes sociedades. De momento esta sensación es la menos formalizada y analizada en los circuitos de mi cabeza, pero la siento viva.
Quiero terminar ante una pregunta, que aunque fue motivo de mofa con mis compañeras de aventura, tiene un alto grado de profundidad filosófica. ¿Qué es para mí un viaje?¿Una perturbación en el espacio, en el tiempo, o en ambos? Otra de esas cosillas que sigo sin formalizar. Me harán falta más viajes para poder darme una respuesta.
Pablo en estado puro. Anda que no hemos aprendido nada ehhhh. Al menos, quedó claro que la Gare du midi, es la misma que la Gare du Sud.