Quería comenzar mi discurso con una sencilla frase:<<Cuando nos acusen de utópicos, estaremos en el camino correcto>>. Un “camino correcto” porque las propuestas sindicales deben incluir no solo reformas, enmiendas, disconformidades. Las propuestas sindicales deben ser una herramienta válida y atrevida para la transformación total, amparados en nuestra capacidad de representación social e internacional. Y debemos ser “utópicos” porque es nuestro deber marcarnos metas imposibles, para lograr los objetivos reales. Este ha sido el planteamiento desde que los primeros obreros lucharan por sus derechos en contextos mucho más difíciles que el actual, y es de recibo que hagamos autocrítica por nuestro aletargamiento como movimiento social en la era moderna.
Antes de nada debemos definir cómo queremos ser. La acción sindical debe ser ante todo social. Debe ser un medio de representación y expresión de todas las capas sociales, libre de intereses, participativa y útil. No sólo debe ser un lugar para la las luchas de los derechos laborales. Nos encontramos en la necesidad de defender tanto a los obreros y trabajadores, como a sus familias, las mujeres, nuestros mayores y sobretodo a la infancia, uno de nuestros mayores valores. Pero la acción sindical también tiene que ser internacionalista. Nuestras luchas tienen que coordinarse más allá de nuestras fronteras. Debemos hacer resurgir la idea de la solidaridad internacional porque nuestro enemigo, trabaja ya en un mundo globalizado.
Además, tenemos que ser conscientes de dos premisas claras:
1) El trabajo no debe definir al hombre, es el hombre el que debe definir su trabajo. La autorrealización personal debe ser un derecho fundamental. El derecho a buscar unas metas como ser humano, a formar una familia, a socializarse, a tomar las calles como medio de expresión, a vivir en definitiva. Hemos dejado que nos atasen al pesado yugo de los sueldos precarios; de los accidentes laborales auspiciados por los patrones; de las jornadas de horarios partidos; de la necesidad de vivir para trabajar, imposibilitando el derecho fundamental a vivir, a realizarse, a ser persona, no máquina ni cifra económica.
2) La economía no debe definir la sociedad en la que vivimos. La sociedad debe elegir qué quiere ser: debe respetar, debe creer en la educación y los conocimientos, debe ser social. Hemos dejado que la economía neocon se asiente bajo el lema del “Estado del Bienestar” para traernos todos sus males: Los dividendos, la competencia letal, los intereses, la rentabilidad, el pasar de la fortuna a la ruina. Lo único que ha traído este capitalismo ha sido la creación de una sociedad caníbal, de una desocialización alarmante, de un ataque directo a las personas, pan y circo y represiones para callar las masas. No podemos dejar que esto ocurra de nuevo. Construyamos el mundo donde queremos vivir.
Tenemos los sindicatos la obligación de hablar en pasado. De hacer caso omiso al marketing político: G20, cumbres, etc. Hay que afrontar el punto de inflexión que nos ha brindado la historia. Una mala broma capitalista de especulaciones y avaricia que como el cuento de la lechera, ha acabado en tragedia. Pero no podemos dejar que la tragedia nos arrastre. No podemos quedarnos de brazos cruzados mientras sufrimos y pagamos los errores de los que pretenden buscar el camino para explotarnos de nuevo.
No podemos permitir que se socialicen las pérdidas y se privaticen los beneficios.
En este contexto, España está sufriendo algo más que un banal conflicto de definiciones: (crisis, recesión, etc.). España está recibiendo lo que ha sembrado. Un modelo podrido por una clase política interesada, de listas cerradas, de amiguismos, de grandes familias y fortunas que se perpetúan en el poder, y que definen con sus intereses el devenir de nuestras vidas. Han fomentado un modelo económico con pies de barro, basado en la especulación, jugando con un derecho constitucional como es la vivienda. Las arengas positivistas han creado un efecto placebo durante años, hasta que todo se ha venido abajo y ahora buscamos culpables.
Pues bien, los culpables somos los ciudadanos. Hemos estado dormidos, sentados observando el espectáculo. Se ha destruido nuestra identidad, las ciudades han ganado peso en sus extremos mientras se deterioraba su centro urbano. Hemos llenado las calles de tráfico, de humo, y ahora parece que no estamos ahogando. Hemos premiado al joven que dejaba sus estudios prematuramente para cobrar el doble que su profesor en trabajos de baja cualificación, pero a la vez hemos fomentado un mil-eurismo entre los formados, empujando a los valores futuros a la emigración. Y la situación económica no sólo ha arrastrado a los que no pueden pagar la hipoteca pero si conducir un BMW. Ha arrastrado a trabajadores honrados, que disfrutan de un oficio, a familias que no pueden acceder a un vivienda, al inmigrante a pensar en otro futuro, y además: a las ayudas de los gobiernos a las entidades financieras, al abandono de importantes proyectos en los campos de la investigación y el desarrollo, al abandono de planes de lucha contra el cambio climático. Sólo está importando salvar el curso político con un aprobado raspado. Medidas de fuegos de artificio y eslóganes de precampaña.
Las medidas propuestas por el Gobierno para este período han facilitado el despido fácil y corremos el peligro de que los parados entren en un estado de inseguridad y desprotección.
Desde los sindicatos debemos exigir una separación de la política, y en general de los grupos empresariales, lobbies comerciales y grandes fortunas, de los proyectos económicos de largo plazo. Hay que plantearse la creación de un comité permanente, de un gran pacto de la nación, de un proyecto económico independiente y maduro.
Es el deber de la acción sindical el lanzar propuestas ambiciosas y posibles.
1) Debemos luchar para crear un modelo productivo de crecimiento sostenible y competitivo que traiga consigo: empleo de calidad, salarios no precarios; reducción de la temporalidad; flexiseguridad y derecho a la formación. Jornada de 35 horas semanales. Salario mínimo europeo (60% salario medio neto nacional).
2) Debemos luchar por incrementar la protección social de los desempleados y sus familias, por la creación de políticas de reinserción en el mercado laboral de los desempleados y de los mayores de 45 años, permitiendo el trabajo a partir de los 65, es más, premiándolo. Pero no debemos dejar de lado a los jóvenes y su derecho a trabajar, por lo que es necesario que sigan formándose con ambiciosos planes educativos. También debemos luchar por conseguir pensiones dignas y un reparto eficiente de las ayudas de la Ley de Independencia.
3) En el plano fiscal debemos luchar por la progresividad de las cargas fiscales, abolición de los paraísos fiscales y lucha contra la corrupción política. Impuestos ecológicos.
4) Existen 4 millones de viviendas vacías. El Estado debe adquirir paquetes de estas viviendas y destinarlas a alquiler protegido. Se debe aplicar una política de mejora y rehabilitación de las viviendas existentes y los centros urbanos tradicionales, generando bienestar y empleo.
5) El sistema productivo debe estar basado en 2 pilares fundamentales: La educación, y los nuevos mercados.
a. La educación basada en el esfuerzo y el respeto. Los jóvenes son nuestro mejor valor y debemos luchar por un futuro digno para ellos. Es por ello que tenemos que destinar nuestros esfuerzos a generar un sistema educativo atractivo y responsable, donde se premie el trabajo y el esfuerzo, y las ganas de aprender. Las reformas educativas han de realizarse desde la base, no desde la cumbre.
b. Los nuevos mercados, biotecnología, energías limpias, etc. Tenemos la capacidad para crear una economía competitiva y de futuro. Pero el proceso va a ser largo y doloroso. Por ello es necesaria una mentalidad atrevida para llevar a cabo las reformas necesarias.
Esta es a grandes rasgos la propuesta sindical, social, del pueblo. Una propuesta firme que desde el ejercicio de la razón debemos transmitir a nuestros representantes, y en caso de respuestas negativas, seguir luchando con el corazón y las ideas.